Ganaderos de las islas de Entre Ríos lo hacen antes de la llegada del fenómeno climático; alertan por la falta de infraestructura, la escasez de logística y el riesgo de que miles de cabezas queden aisladas si avanzan las inundaciones
- 25 de agosto de 2026
- 14:57
- 7 minutos de lectura

LA NACIONMariana ReinkeEscuchar notaAgregar LA NACION en

La amenaza de un evento de El Niño de intensidad fuerte a muy fuerte, que según distintos pronósticos podría extenderse hasta el otoño de 2027, ya comenzó a cambiar la dinámica de los productores ganaderos de las islas del Delta entrerriano. Aunque el fenómeno todavía no se manifestó plenamente, muchos establecimientos empezaron a retirar hacienda de manera preventiva por temor a que una eventual crecida deje aislados los campos y complique el traslado de los animales. En ese escenario, productores de la zona reclaman respuestas urgentes de los gobiernos municipales y de la provincia de Entre Ríos para mejorar caminos rurales, reforzar la logística y facilitar la salida de los rodeos antes de que las lluvias y las crecientes agraven la situación.
La preocupación no pasa únicamente por la magnitud que pueda alcanzar el fenómeno climático. El principal temor es no contar con la infraestructura necesaria para movilizar miles de cabezas de ganado en poco tiempo, una situación que ya dejó fuertes pérdidas en inundaciones anteriores y que algunos productores comparan con la histórica crecida de 2007.
Emprendedores. La NASA convocó a argentinos que crearon una tecnología para asegurar cultivos
José Luis Peter, productor ganadero de Villa Paranacito, aseguró que el escenario ya comenzó a cambiar. “El Niño está tocando timbre. Hace como 15 o 20 días que el río Uruguay está crecido y hoy nos afecta porque, sumado a los eventos del Río de la Plata, el agua entra en los campos y después no puede salir porque el río ya está alto”, describió a LA NACION.

Su familia produce en la zona desde 1929 y hoy maneja tres establecimientos ganaderos y forestales. Aunque todavía no debió evacuar animales, ya acondicionó un campo alternativo para anticiparse a una eventual creciente: “Ya encontramos un campo y lo estamos preparando para empezar a sacar la hacienda. Como hacemos ciclo completo, la vaca con cría es muy difícil de movilizar. Queremos hacerlo con tiempo y dejar para el final la recría y los novillos”.
El establecimiento alternativo queda a unos 350 kilómetros, en el departamento Paraná: “Conseguimos un campo bastante lejos y eso hace muy costosa la logística. Además, cuesta conseguir campos y aparecen problemas como la garrapata o el mío mío, que la hacienda de la isla no conoce”.

Peter sostuvo que algunos productores ya comenzaron a retirar animales aprovechando que todavía existen condiciones para hacerlo. “Este año la gente tomó conciencia antes y ya está empezando a sacar hacienda. Están buscando lugares más seguros. Por suerte, esta vez muchos se movieron con anticipación”, contó.
Advirtió que el principal problema será la logística si el agua continúa subiendo: “Con apenas 50 o 70 centímetros más, el camino al embarcadero queda cortado y después sacar la hacienda por Villa Paranacito se hace prácticamente imposible”.

El productor cuestionó la falta de respuestas oficiales pese a los reiterados planteos realizados desde la cooperativa local: “Hace mucho que venimos pidiendo que levanten apenas 1000 metros de camino. Hemos hablado con el gobierno provincial y con el municipal, hicimos propuestas, buscamos alternativas para que los barcos puedan descargar rápido y volver a cargar, pero siento que no nos han escuchado”.
Peter estimó que ya comenzó la salida de parte de las casi 500.000 cabezas que habría en las islas entrerrianas: “Si realmente viene El Niño, va a costar sacar toda la hacienda. Entrar animales se hace por goteo, pero sacarlos todos juntos es muchísimo más complicado”.

Raúl Sobrero, otro productor de Villa Paranacito, también decidió anticiparse. Actualmente, está retirando alrededor de 500 novillos de un establecimiento ubicado sobre la costa del río Uruguay, como consecuencia de una sudestada muy fuerte que hubo sobre el Río de la Plata: “Se me tapó el campo de agua. Esto todavía no es El Niño; que se viene anunciando pero todavía no llegó”.
Sobrero explicó que sigue diariamente la evolución del Pacífico y de las precipitaciones sobre las cuencas que alimentan los grandes ríos: “Lo vengo siguiendo por satélite. Hoy no hay lluvias importantes, pero me preocupa la temperatura del Pacífico porque está por encima de lo que ocurrió en 2007”.

Para el productor, el mayor problema no será únicamente el agua y su preocupación pasa por el estado de los caminos rurales: “Si llega El Niño va a ser muy complicado sacar semejante cantidad de hacienda porque no existe la infraestructura necesaria para mover los animales con rapidez”.
En ese sentido, explicó que el traslado no termina cuando los animales salen de la isla. “Toda esta hacienda podría llevarla a un campo alto propio y darle de comer, pero ¿qué hago si después no puedo entrar con el maíz o con alimento porque los caminos están cortados?”, planteó.
Señaló que este año conseguir un destino para la hacienda también se volvió más difícil: “Los feedlots están completos porque la hacienda tiene muy buen valor. Tuve que reservar un campo particular el 27 de julio, a unos 250 kilómetros, para asegurarme un lugar. Todo eso significa un costo extra muy importante”.
Recordó la inundación de 2007 como uno de los episodios más traumáticos que vivió en la región: “En dos días llovieron 635 milímetros. Creíamos que teníamos la situación controlada y cuando nos quisimos acordar teníamos 60 centímetros de agua y no había dónde ir”.

Por eso decidió comenzar el traslado antes de que aparezcan las lluvias más intensas. “Prefiero perder algo y no perder todo. Va a pasar algo fuerte y no quiero que me agarre desprevenido, porque después es tarde y uno termina lamentándose sobre la leche derramada”, concluyó.
En la misma situación se encuentra Juan Citovich, oriundo de San Antonio de Areco y con más de 30 años produciendo en las islas del Delta. Contó que ya comenzó a sacar la hacienda por la crecida del río Uruguay, antes de que se sume el Paraná: “Hace 33 años que ando en esta zona alquilando campos y criando vacas. Ya ni me acuerdo, pero serán 10 o 12 veces que hemos salido con las vacas por el agua. Hoy mi campo ya está cubierto en un 80%. Estamos medio desesperados, buscando campos por todos lados”.
Explicó que actualmente está utilizando el establecimiento de un amigo para reorganizar y clasificar los rodeos y definir el destino de los animales: “Esta es mi situación solamente con el río Uruguay; todavía tenemos que esperar lo que pueda pasar con el río Paraná”. Remarcó que la mayor incertidumbre pasa por la evolución del fenómeno climático. “Realmente es para asustarse, y mucho”, afirmó.

En ese contexto, volvió a poner el foco sobre la infraestructura vial: “Hoy tengo la ventaja de estar frente al camino rural Jacobo Peters, que todavía está transitable. Pero cuando llegue el Paraná es muy probable que se corte, como ya ocurrió otras veces. Ahí el problema es doble porque dependemos de los barcos y de muchos otros factores. Lo que estamos haciendo es prevenir todo eso y salir de la mejor manera posible para que si llega una catástrofe de mayor magnitud, no nos encuentre desprevenidos”.
Por Mariana Reinke



