Desde Jesús María, Mario Medina lidera una “revolución silenciosa” con animales que ayudan a los productores ganaderos con sus rebaños; el 80% de los cachorros se venden antes de nacer
- 18 de febrero de 2026
- 12:20
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Ante el avance de la depredación sobre el ganado menor y la escasez de perros protectores en los campos argentinos, un criador cordobés consolidó en el país líneas 100% de trabajo de las razas de cachorros Pastor Maremmano Abruzzese y Mastín Gran Pirineo, reconocidas dentro de la Ley Ovina 25.422. Con una sola camada anual, que se vende en un 80% antes de nacer, desarrolla animales que viven 24/7 con la majada y disuaden ataques de zorros, pumas, perros asilvestrados y cuatreros.
Hace diez años, tras comprobar que en la Argentina no se encontraban líneas funcionales, Mario Medina, decidió importar genética de trabajo desde el exterior y profesionalizar la cría. Hoy cuenta con los únicos registros oficiales en el país de estas razas destinadas a protección de ganado, monitorea cada ejemplar y trabaja bajo el sistema de preventa mencionado.
“No es un negocio, es generar una ayuda para los productores”, afirmó Medina, que lidera una “revolución silenciosa” en los corrales. Resaltó que, en el campo argentino, el enemigo a veces es invisible hasta que es demasiado tarde. Zorros, pumas o —el flagelo más reciente— perros asilvestrados pueden diezmar una majada en una noche. Ante esto, la tecnología más efectiva no es un alambrado eléctrico ni un drone, sino una herramienta milenaria con instinto protector: el Perro Protector de Ganado (PPG).
“No me considero un criadero; solo hago una cría al año. No es un negocio, es generar una ayuda para los productores”, definió. Su trabajo se centra en dos razas amparadas por la Ley Ovina como el Pastor Maremmano Abruzzese (italiano) y el Mastín Gran Pirineo (francés). Son animales que “patrullan”.

A diferencia de un Border Collie que corre y arrea, el Maremmano trabaja desde la calma y la territorialidad. Su eficacia radica en un proceso biológico y de manejo llamado impronta.
Desde los tres meses, los cachorros viven, comen y duermen entre las ovejas. “Se crían con ellas para desarrollar un vínculo inquebrantable, considerándolas su núcleo social”, explicó Medina. Para el perro, la oveja es su familia.

El sistema funciona 24/7 los 365 días del año. “El perro protector es territorial, se mantiene cerca de la majada, vigila activamente y recorre los alrededores, marcando con orina y heces”, detalló el especialista.
La obsesión de Medina por la calidad lo llevó a importar líneas de sangre 100% de trabajo tras frustrarse con las opciones locales. “Empezamos a ahondar en el tema hace 10 años. Las primeras experiencias no fueron buenas porque no conseguíamos líneas de trabajo. Luego fui y traje del exterior y ahí la historia cambió”, recordó.
No obstante, la joya de esta genética es Ciro, un Pastor Maremmano nacido un 22 de febrero, libre de displasia y brucelosis, y que ostenta el primer registro de la raza en la Argentina.

Ciro no solo es un guardián, es la llave para los productores de la Patagonia. “En el sur tienen un problema gravísimo con la depredación de animales asilvestrados, pero por control fitosanitario no pueden introducir animales en pie”, explicó Medina. Envían dosis de semen de Ciro para inseminación que permiten que la genética de punta llegue a Tierra del Fuego sin romper las barreras sanitarias.
Medina desmiente categóricamente el mito de que estos perros gigantes matan. «El maremmano no es un perro que va a salir y se te va a prender del cogote para pelear. Tiene una inteligencia distinta: distrae al depredador para sacarlo de su sitio», aclaró.

La estrategia es la disuasión. Con su tamaño imponente y ladridos profundos, convencen al puma o al zorro de que “no vale la pena” el esfuerzo. “Hay videos donde el maremmano no pierde peleando; cada uno marca su territorio y todos se van contentos”, ilustró.
Medina advirtió sobre un error común en el campo al intentar “mejorar” lo que la naturaleza ya perfeccionó. Recordó que el bienestar animal es innegociable. Según afirmó, estos perros sufren un desgaste físico al patrullar grandes extensiones cada noche. Por eso, destacó que tiene una regla de oro: “A los cinco años los retiro del corral y los traigo a casa para que tengan una vida más tranquila”, dijo, a contramano de quienes los “exprimen” hasta los 10 años.

La demanda es tan alta y la oferta tan selecta que “cada camada que nace, en un 80% ya está vendida”. Pero dijo que no le vende a cualquiera: “Yo personalmente me tomo el trabajo de ir al campo, analizo la situación. Si no se dan las condiciones, no se vende”.
Lleva más de 80 crías pasadas por sus manos y cuenta con registros oficiales de estas razas de trabajo en el país. Remarcó que la solución al conflicto entre fauna silvestre y producción es la biología aplicada.

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